El SUV de la marca alemana diseñado en la planta de Rüsselsheim. Turingia está dando que hablar en Chile, todo un reflejo de su ruta mundial potenciada el año pasado con la electrificación de todas sus variantes que lo convierten no solo en un vehículo de alta gama “hecho en Alemania”, sino también en un auténtico Eisenacher.
Opel y Eisenach: vínculo basado en la tradición
La conexión de Opel con Eisenach se remonta a mucho más de 35 años. Opel hizo su primera aparición en la fábrica hace 125 años: Wilhelm Opel, el segundo hijo mayor de Adam Opel, fue miembro fundador de la Asociación de Fabricantes Alemanes de Automóviles (VDMI), fundada en Eisenach en enero de 1901 y que con el tiempo se convirtió en la actual Asociación de la Industria Automotriz (VDA).
Varias décadas más tarde y tan solo dos días después de la reunificación alemana, concretamente el 5 de octubre de 1990, el primer Opel Vectra salió de la línea de producción de la antigua planta de producción (AWE). Cuatro meses después, el 7 de febrero de 1991, se colocó la primera piedra de la nueva fábrica.
Durante las últimas décadas, superventas como el Opel Corsa y el Opel Astra fueron fabricados en Eisenach. Mientras tanto, la planta ha evolucionado continuamente y ha sido reconocida como la planta de producción automotriz más moderna y productiva de Europa.
Preparándose para el futuro: el SUV Grandland, el mejor en todas sus variantes, fabricado en Eisenach
Para el nuevo Opel Grandland, se han realizado inversiones adicionales de 130 millones de euros en los últimos años. La planta experimentó la mayor transformación de su historia antes del lanzamiento del nuevo Grandland. Gracias a la modernización y al desarrollo, se puede producir una amplia variedad de sistemas de propulsión de vanguardia y de bajo consumo en la misma línea de producción. Hoy en día, todas las variantes del galardonado SUV, entre ellos el Grandland que llegó a Chile en 2025, se producen aquí.

El nuevo Grandland alemán en Chile
Desde su llegada al mercado chileno en 2025, el Opel Grandland ha logrado posicionarse como una de las alternativas más valoradas dentro del competitivo segmento de los SUV medianos. Su principal fortaleza está en un enfoque racional: diseño sobrio, orientación familiar y una experiencia de uso pensada para el día a día, sin excesos.
Apoyado en una arquitectura moderna y una motorización microhíbrida que destaca por su eficiencia y respuesta, entrega una conducción suave, estable y acorde al segmento. Su motor de 1.2 litros turbo que incorpora cadena, entrega 136 Hp de potencia y 230 Nm de par, gestionado por una caja automática de seis marchas. Se combina con un motor eléctrico de 28 Hp generado por una batería de 48 voltios, entregando una potencia total de 145 Hp.

El interior refuerza esta percepción positiva, con buen espacio, sensación de solidez y una disposición funcional que privilegia la ergonomía y el control intuitivo. Finalmente, el completo paquete de asistencias a la conducción, bien calibrado y de serie, consolida al Grandland como una alternativa segura, coherente y bien resuelta.